Los gobiernos tienen una gran influencia en la economía de cada país o de cada ciudad. Las políticas que ellos establecen pueden incentivar o no las inversiones en sectores determinados de desarrollo.

Cuando los estados se vuelven laxos en materia impositiva y lo hacen orientando este incentivo a la construcción, por ejemplo, los capitales irán como van las abejas al panal.

En el particular caso de la construcción, que demás está decir, es y ha sido por tradición, un sector de generación de empleos muy importante, los gobiernos tanto nacionales como locales, colocan importantes sumas de dinero en obras que más que conectar poblaciones, a través de la construcción de grandes avenidas y carreteras, de mejorar con estas vías la movilidad de las personas y recursos de un lado a otro, haciéndolos más accesibles y asequibles. Además de todo eso emplean a una enorme cantidad de trabajadores, por eso en crisis mucha gente suele preguntarse y ¿Cómo es que estando en crisis, sin dinero un ayuntamiento o país usa el dinero para construir carreteras? Pues es una manera de activar el aparato económico inyectando dinero al mercado.

Mientras que en el resto de Europa la construcción de viviendas ha aumentado, en España el crecimiento de ese rubro no lo ha hecho, cosa que si ha logrado hacer la construcción pública.

España es según la oficina estadística comunitaria Eurostat, la punta de lanza de la construcción en la eurozona, con una producción total del sector que se dispara a una tasa de 20,3% interanual. Países como Suecia y Eslovaquia tienen crecimientos de 18 y 16,4% respectivamente. Pero parece que el común de la gente no lo ve así, puesto que conseguir empleo en el sector es complicado.

Las políticas de los gobiernos deberían buscar ajustar el gasto fiscal y enfrentar la crisis con medidas que permitan disminuir su impacto inicialmente y que gradualmente le den la oportunidad a la población de ver resultados que apunten a su bienestar. En el caso de la eurozona, la política económica no depende de las decisiones de un Estado o ciudad, puesto que debe obedecer a políticas establecidas es un supra nivel que vela porque toda la zona y no las particularidades de cada parte de esa zona tengan estabilidad económica que les permita crecer.

Es bueno hacer notar que la realidad de cada zona, económica, política y religiosa es diferente y enfrentan sus problemas particulares de manera diferente. La eurozona no ha podido liberarse de esa incomodidad, que significa atender los casos en particular y no de manera global. Sus políticas favorecen a quienes tienen economías más sanas y perjudican a los más débiles, esa es una de las razones por las que muchos expertos han visto un final más próximo que lejos para la zona euro, en las condiciones como están planteadas actualmente.

El límite que se establece para la zona, en cuanto al gasto fiscal es de 3% máximo y casi ninguno de los países socios ha podido respetar ese mandamiento. Es obvio, si una ciudad necesita activar su economía y considera incrementar el gasto desarrollando construcciones, por ejemplo. No debería hacerlo por mandato del acuerdo sostenido con la zona a la que pertenece. No es una situación sencilla para los gobernantes; pero es algo con lo que deben lidiar.