La fórmula para lograr asimilar las crisis puede marcar la diferencia entre permanecer o salir del mercado.

 El crack de 2008 tuvo consecuencias inmediatas y se han extendido a lo largo de estos últimos años en todo el mundo, quizás Latinoamérica no fue tan afectada como lo fue Europa y Asia. Países como el gigante de Sur América, Brasil, mantuvieron el ánimo, aunque en estos dos últimos años la situación de corrupción los ha llevado a presentar números mucho más bajos a los que se habían proyectado hace un lustro.

Europa se tambaleó y hoy en día sufre el coletazo de la crisis inmobiliaria, que llenó una burbuja cuya explosión terminó salpicando a mucha gente que ni tenía idea de lo que estaba por suceder. Los entendidos menos optimistas aseguran que tendremos una nueva caída, porque los errores no se corrigieron sino que se solaparon de manera superficial. Lo cierto es que ese crack, arruinó a muchos e hizo más poderosos a unos pocos.

España no escapó a la virulencia en el vecindario europeo y la construcción y el negocio inmobiliario sufrieron un duro golpe. Las ventas caían de manera alarmante y con ella el valor de la vivienda se hacía agua, las dificultades financieras se apoderaron de un importante número de promotoras inmobiliarias y constructoras, muchas de ellas se fueron a la banca rota.

El aporte de la industria al producto interno bruto PIB de la nación, retrocedió a los vistos casi una década atrás. En los siguientes años cercanos a la crisis, la influencia de la construcción se redujo hasta mostrar su cara más negativa. Los trabajadores de la construcción llegaron a representar el 9,3% del total de los ocupados en España, cuando en 2007, mientras hubo el gran auge, ese indicador era de 13,8%. La construcción llego al punto de sumar el 57% de los desempleados desde que comenzó la debacle.

Como es sabido, los gobiernos tienen en la construcción un gran aliado para activar la economía, provee de mano de obra que le inyecta fuerza al sistema para activarlo. Las obras públicas y las viviendas van por caminos diferentes, cuando menos en lo que va de 2015 y 2016. Según datos de la Fundación de Cajas de Ahorros 2016 y el siguiente año el sector mostrará un respiro; pero favorecerá básicamente a la obra pública, porque la vivienda no tendrá el mismo ímpetu, aseguran, aunque igual mostrará crecimiento que pudiera estar alrededor de 3%. Es alentador; pero sigue siendo insuficiente inversión para dar trabajo a la alta demanda que existe.

La inyección de capital asiático, específicamente chino, le da un aliento a la economía. Muchos chinos con poder adquisitivo están muy interesados en comprar propiedades en España y eso representa un mercado muy grande y con poder de compra que ofrece un potencial de crecimiento interesante.

Sectores como el turismo también representan buenas opciones para constructores y bienes raíces, ¿Quiénes tomarán el riesgo? Seguramente los que lo hagan marcaran la pauta para la nueva generación de constructores creativos.